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Soy Lidia, una raíz de Bellaguarda, un pueblo pequeño donde el aceite es el protagonista.
Crecí entre los campos y la naturaleza, aprendiendo a ver el mundo con ojos abiertos, atenta a los detalles que conforman la esencia de quienes somos.
Desde pequeña, siento la necesidad de buscar y descubrir la belleza que se oculta detrás de cada forma y momento.
He tenido la oportunidad de dedicarme y aprender de muchos oficios distintos.
La peluquería fue uno, una etapa que recuerdo dura, valoré mucho este trabajo y las personas que trabajan en él y aprendí que cada cambio es una transformación, no sólo física.
Al mismo tiempo subía a los escenarios, y descubría cada día que aquél era mi casa. Cantante encontré una de las formas de expresión y conexión en las que me siento más cómoda y se ha convertido para siempre en una necesidad básica.
Soy alma inquieta y necesito constantemente bañarme en todas las formas de arte posibles, de ese modo llegué en el mundo del tatuaje. Encontré la manera de grabar en la piel historias para siempre, me pareció una poesía en todos los sentidos y me eché de cabeza.
En 2023 abrí el Olivo, creo que el Olivo habla de mí, y de dónde vengo. Es un espacio donde hago tatuajes, pero también se puede encontrar el arte que me nace, en todas las maneras que me apetece, no hay límite.
Hoy canto, dibujo, tatuo, exploro la cerámica, la fotografía... soy y hago todas las cosas que el universo hemos permitido ser y hacer. Agradezco cada una de las cosas que forman parte de mí. ¿Mañana? Quién sabe. Quizás me llevará por nuevos caminos, pero probablemente seguiré aprendiendo, creando, siguiendo el camino, amando y buscando la belleza y la libertad en cada paso.